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Nada mejor que el amor


Hay un increíble remedio anti-estrés, mejor que los analgésicos... ¿Su nombre?Amor.


Amor: cascada de reacciones biológicas

Desde hace algún tiempo, su corazón late de forma extraña, su garganta se aprieta, la cabeza pareciera que girara y todos sus sentidos están en crisis. Si usted tiene estos síntomas, estás de suerte, ya que, sin duda, es señal de estar enamorado.

Por supuesto, este sentimiento desafía la explicación racional y el escrutinio científico, nunca deja de sorprendernos. Los impulsos de nuestro corazón de hecho desencadenan una cascada de reacciones biológicas y hormonales, desde el primer momento.

Los estudios revelan, poco a poco, los efectos beneficiosos sobre nuestra salud física y mental. Revise los detalles acerca de este sentimiento universal ...

Estar enamorado: como en una nube

El amor es uno de los mejores antidepresivos naturales. Tras la reunión con el amado, se produce un fuego de artificio que trastorna toda la vida hormonal. Los neurotransmisores y hormonas emoción (adrenalina, noradrenalina, dopamina) se liberan, causando un aumento en la frecuencia cardiaca, temperatura y todas las manifestaciones físicas de la repentina emoción del amor, se acelera el corazón, las piernas están temblorosas, las palmas sudan... Pero el que prende fuego a la pólvora es la feniletilamina (o PEA), que también se encuentra en pequeñas cantidades en el chocolate, que es un conocido antidepresivo por excelencia presente en algunos alimentos. Esta substancia es secretada en grandes cantidades por los amantes en el momento del primer amor y en los primeros años, esta "anfetamina", producida naturalmente por el cerebro, tiene efectos similares a los causados ​​por ciertos medicamentos. 

Los amantes se sienten optimistas, rejuvenecidos, llenos de energía, alegría y hasta euforia. Por otra parte, este sentimiento es acompañado por aumento de la secreción de serotonina, una hormona relacionada con la regulación de las funciones biológicas como el sueño, el apetito, y  también en los trastornos del estado de ánimo. Se ha demostrado que las personas deprimidas tienen niveles anormalmente bajos de serotonina, sin embargo, aumenta de manera exponencial en los que se aman.

Estar enamorado: listo para mover montañas

Al comienzo de un romance, dopamina y otros mediadores químicos movilizan y activan. De este modo, aumenta la autoconfianza y da fuerza para completar proyectos. Posteriormente, después de la inundación de emociones intensas y las inundaciones de feniletilamina, la pasión da paso al amor-apego. Es entonces el turno de la presencia de las endorfinas producidas por el cuerpo, estos neurotransmisores tienen propiedades similares a las de la morfina. Alivian el dolor, la ansiedad y promueven el bienestar. Estos "opiáceos" naturales también se
segregan en abundancia durante el orgasmo, lo que explica el sentimiento de felicidad que sigue al amor y el conciliar el sueño fácilmente. Frente a esta realidad, el ​​sistema inmunológico está listo para defenderse de las agresiones externas. Aunque algunos se niegan a la evidencia, las encuestas han demostrado que las personas felices en el amor son menos propensos a los resfriados y otras infecciones de menor importancia que otros. Una resistencia producida por el amor.

Estar enamorado: diversión derretida

Olvídese de las dietas! Para perder algunos kilos de más, nada como el amor. Además de sus efectos en nuestra moral, la feniletilamina, reduce el apetito y nuestro deseo de comer bocadillos reconfortantes, pero también nuestras necesidades de sueño. De este modo resulta en una cierta "hiperactividad", lo que explica estas noches hablando y haciendo el amor, viviendo sólo con agua fresca. Se produce así un aumento neto en el gasto de energía. En un estudio italiano, ocho de cada diez personas, hombres y mujeres por igual han reconocido que un romance era para ellos una gran manera de encontrar la línea.

Estar enamorado: mejillas rosadas y rostro radiante

La felicidad y el placer (placer especialmente sexual) favorecen la producción de estrógenos y oxitocina, la hormona llamada apego, lanzado en el cerebro y el sistema reproductivo cada vez que nos toque un ser querido y nos lleva a la reconciliación y abrazos.

Pero mejor que una crema de belleza, estas hormonas mejora la circulación de la piel y promueven la producción de colágeno natural. La piel es más suave, más brillante y mejor protegida contra el envejecimiento. Y este efecto parece duradero. Un estudio demostró que las personas que tuvieron relaciones sexuales tres veces a la semana, en una relación estable, aparecieron diez años más joven que su edad!

Estar enamorado: el corazón latiendo en el tiempo correcto

Más allá de los efectos estimulantes de la adrenalina y la dopamina en el corazón, varios estudios han demostrado que vivir una unión armoniosa tendría efectos beneficiosos sobre la presión arterial e incluso la tasa de colesterol lo que lleva a una buena salud cardiovascular.

Este fenómeno se explica por un menor estrés, sino también una vida más sana y, probablemente, por los beneficios que el sexo, que son comunes y armonioso, regulan el ritmo cardíaco, tanto como la práctica regular de un deporte.

Autora: Anne-Sophie Brunet

Traducido y adaptado por Dr. Miguel Ángel Núñez

Cuando la edad hace la diferencia

Cuando la edad hace la diferencia

Parejas con gran diferencia de edad pueden ser exitosas, aún con sus dificultades

Las parejas conformadas por personas con grandes diferencias de edad (sea cual sea la combinación de géneros) puede ser tan exitosa como una pareja que comparta, por ejemplo, una misma generación. Los posibles conflictos pueden solucionarse al preguntarse, ¿qué espero del otro?

Carla González C.


La canción del mexicano José José ‘Cuarenta y veinte’ refleja claramente lo que a muchas parejas les sucede con respecto a su gran diferencia de edad. “… es el amor lo que importa y no lo que diga la gente…”, dice una de sus frases. Y es que lo que al parecer más afecta a este tipo de uniones no es precisamente el tema de la generación, sino el comentario de su entorno y en general, de la sociedad.

Por supuesto también aparecen en el transcurso del tiempo, algunas desavenencias que tienen que ver con costumbres, formas de relacionarse y maneras de tomar decisiones, porque claro, en muchas ocasiones el más joven querrá realizar actividades acordes a su edad, mientras que el mayor preferirá descansar o enfocarse en otro tipo de pasatiempos.

A pesar de esto, una pareja donde sus integrantes tengan diferencias significativas de edad (20, 25 años o más) también tienen la oportunidad de triunfar, todo depende de cómo sobrelleven la cotidianeidad tanto dentro como fuera de su relación.

Para conocer más acerca de esta dinámica y desde un punto de vista profesional, conversamos con el psicólogo y psicoterapeuta, Antonio Godoy, quien menciona que cada pareja – independiente de su edad – “es un mundo único”, por lo que generalizar acerca de si esta dinámica es o no normal, sería para él algo un poco atrevido.

Por otro lado, el psicólogo menciona que lo que sí se puede comentar es acerca de cuán “exitosas” resultan estas uniones. Así y a modo de ejemplificar su idea de no generalizar, cuenta de su experiencia con una pareja en donde el varón tiene 82 años y su mujer 53; juntos llevan 25 años de relación y a pesar de no haber ningún problema aparente, pueden de igual forma existir algunas problemáticas.

En ese sentido, manifiesta que “llega un punto en el ciclo vital en que ya no pueden compartir lo mismo” y refiriéndose al ejemplo anterior, cuenta que actualmente el hombre presenta un importante deterioro cognitivo y por lo tanto “difícilmente puede cumplir con los requerimientos básicos de una pareja. Más bien está siendo cuidado por ella, quien aún tiene la vitalidad e intereses de una persona de su edad”, afirma.

Amor en dos frecuencias

Otro de los conflictos que suelen vivir estas parejas es que su gran diferencia de edad los lleva muchas veces a caer en la problemática relacionada con los distintos momentos de la vida en el que ambos se encuentran. Así, mientras el mayor lo más probable es que ya tenga un matrimonio en su pasado e hijos en su presente, el menor aún no ha pasado por tales experiencias.

“A los veintitantos, se está deseoso de salir por ejemplo a las discoteques, pero a los cuarenta y tantos ya no”, menciona Antonio Godoy, quien a su vez dice que esto es normal y que es parte de cada ciclo. “Lo que pasa es que en consonancia tendrán que haber acuerdos y negociaciones para que todo funcione en forma positiva”, dice.


Los acuerdos a los que se refiere el psicólogo tienen que ver con no dejar de lado (ni sentirse abandonado) a quien no sienta la necesidad – o derechamente las ganas – de compartir el mismo momento que su compañero. “La idea es que se tengan espacios comunes que les permitan tener una relación satisfactoria”, menciona.

Para el profesional no importará la diferencia de edad ni cualquier otro factor, si ambos individuos mantienen lo suficientemente estables los tres pilares, es decir, la pasión (sexualidad), el amor (afectividad) y la comunicación. “Si esto es firme, cualquier pareja podrá llegar a tener una relación de largo aliento”, asegura.

¿Qué es lo que buscas?

El entorno de hombres y mujeres que deciden emparejarse con otra persona que puede doblar o incluso triplicar la edad o al contrario, sentir atracción por quienes resultan más jóvenes y llenos de vida, es muchas veces un problema del cual no pueden sentirse ajenos.

Es así como las opiniones no tardan en llegar – sean éstas solicitadas o no – y cuyos argumentos son entre otros, los que hablan de una supuesta búsqueda o de una carencia, como el del padre que quiere brindar protección o la de sentirse cobijado como un hijo en las faldas de su madre.

Frente a esto, el profesional indica que lo que dice el sentido común, que habitualmente y según sus palabras “no es el más común de los sentidos”, es pensar que si una joven busca a un hombre mayor, estará buscando un padre. “Cuestiono esto”, advierte y dice que no necesariamente se tratará de este tipo de inquietud. “¿Qué pasa si esta persona en particular tiene las características que (la mujer en este ejemplo) valora y ha buscado?”, pregunta.

Ahora, aclara que si esta mujer (siguiendo con el ejemplo más clásico, aquel de una joven y un hombre mayor) estuviera en realidad buscando un padre, indagaría en alguna función en él que satisficiera su necesidad. “Ahí sí podríamos hablar y avalar lo anterior”, afirma.

Entonces, la sabiduría, experiencia, la protección y en el fondo “que se haga cargo emocionalmente”, serán las características que más se repiten en este tipo de búsquedas. Aquí, Antonio Godoy hace valer las siguientes interrogantes, ¿por qué esta mujer buscará tales cualidades en un hombre?, ¿qué hay en ella que no puede hacerse cargo de sí misma?, etcétera.

Y aunque menos común – o quizás menos evidente – es de igual importancia presentar el caso contrario, es decir, una mujer madura quien construye una relación con un joven menor. Al respecto, el especialista menciona que la sociedad tiene mucha injerencia en este tema y por lo tanto al ser aún mal visto, es muy probable que sean muchos más casos de los conocidos, pero que el secreto de su desarrollo sea lo que impere.

“Se tiende a pensar automáticamente que el hombre busca a esta mujer para obtener algún beneficio”, comenta y también manifiesta que en estos casos, lo que necesite puede ser similar o igual que en el ejemplo anterior, o sea, la seguridad que puede brindar una dama ya mayor, con experiencia y con sus ideas claras, cualidades que pueden cautivar a un joven para quien sus coetáneas le parezcan aburridas e infantiles.

En cuanto a las problemáticas en esta situación, el terapeuta dice que lo más común es que sea ella quien tema que en algún momento no pueda seguirle más el paso a este muchacho, por lo que buscará ayuda en instancias como la cirugía plástica y todo lo que la pueda hacer ver más joven y bella.

Deja claro los límites y entrégate

Si bien es complicado dar una “receta” para que quienes estén pasando por esta experiencia puedan sobrellevarla de manera positiva y no traspasando una y otra vez los problemas, dudas, cuestionamientos y prejuicios propios del entorno, el psicólogo cuenta que lo mejor es “dejarle claro a todo el mundo la situación, poner límites y hacerse cargo de su elección”.

“Nadie puede saber”, sentencia y añade que lo único que podría dar pie para una conjetura es haber pasado por una situación similar que permita hablar desde la praxis. “La experiencia es más importante que el saber universal”, cita.

Con respecto a la adjudicación de estas relaciones a los complejos de Edipo o Electra, el terapeuta es enfático al señalar que muchas veces se extraen conceptos, hipótesis o teorías desde la psicología, que no son ocupados a cabalidad, por ejemplo, los mencionados.

“La conflictiva edípica entendida desde la psicología no es solamente eso”, aclara. Por otro lado ejemplifica diciendo que “una mujer independiente, autosuficiente y que efectivamente no necesita un padre, puede perfectamente tener una relación con alguien mayor, sin que eso signifique un complejo”, sostiene.

En síntesis, lo más recomendable para estas parejas es tener claro qué es lo que se espera del otro y de esta manera comunicar las expectativas personales, entregarse y arriesgarlo todo, reducir lo privado y mostrarse desde lo interno. “Debemos lograr la llamada intimidad emocional”, concluye.


Fuente: Revista Digital Punto Vital

Características de los dependientes emocionales


Prioridad de la pareja sobre cualquier otra cosa

El dependiente emocional pone a su relación por encima de todo, incluyéndose a sí mismo, a su trabajo o a sus hijos en muchos casos. No tiene que haber nada que se interponga entre el individuo y su pareja, que dificulte el contacto deseado con ella. Obviamente, dentro de una normalidad, pero siempre observando esa dinámica; por ejemplo, una persona va dejando poco a poco sus aficiones como el gimnasio o las clases de pintura para estar más tiempo con su compañero, hasta que prácticamente se convierte en su sombra; igualmente, una madre separada inicia una nueva relación y deja continuamente a sus hijos con sus abuelos para quedar todas las veces que pueda con el otro.

Voracidad afectiva: deseo de acceso constante

Para entender este rasgo, es muy importante que nos imaginemos que el dependiente puede decidir por sí mismo cómo, cuándo y de qué forma contacta con su pareja: luego explicaremos por qué. Suponiendo esto, si por el dependiente fuera, tendría el mayor roce posible con su pareja mediante todas las formas posibles. Por ejemplo, cuando ambos miembros de la relación están en casa, procurando estar juntos el máximo tiempo (nada de cada uno en su habitación, o uno viendo el ordenador y el otro trabajando). Asimismo, si la pareja sale con un grupo de amigos, estando todo el rato junto al otro y teniendo principalmente interacción y contacto físico con él.

¿Y qué sucede cuando, por las obligaciones que todos tenemos, los dos miembros de la pareja están separados? Muy sencillo: el teléfono móvil e internet se han convertido en dos ayudas inestimables para satisfacer la voracidad afectiva de los dependientes emocionales, sea mediante llamadas telefónicas, mensajes de texto, correos electrónicos o programas de mensajería con los que el dependiente puede estar online con su pareja. El contacto puede ser muy frecuente y excesivo, hasta el punto de que llame la atención al entorno o de que ocasione algún problema en el trabajo. Ni que decir tiene que la persona con dependencia también presionará lo que pueda para que su pareja, inmediatamente que termine con sus obligaciones, marche presta a reunirse con ella.

Insisto en que, si por el dependiente fuera, estaría el máximo tiempo disponible con la otra persona, y cuando esto no se consigue se compensa esta situación con otros medios de comunicación con los que hay también contacto. Cabe añadir también que este rasgo está muy acentuado en algunos dependientes emocionales, pero no en todos (como la mayoría de los que exponemos en esta sección).

Pero antes hemos dicho que nos debíamos imaginar en un supuesto: que la otra persona no pusiera pega ninguna al comportamiento voraz y “agobiante” del dependiente. Como es lógico, esto sucede a veces, pero en la mayoría de las ocasiones no es así y la pareja reclama espacio y recrimina este tipo de comportamientos. Si añadimos que también es frecuente que las personas que los dependientes escogen como pareja no siempre se comportan de una manera sensible y afectuosa, nos resulta que lo más normal sea que el otro ponga límites y condiciones al comportamiento voraz de su compañero, mediante los clásicos “no me llames tanto”, “necesito mi espacio”, “no me agobies”, “no creo que me dé tiempo a verte en toda la semana”, “quiero hacer esto solo”, etc. Y, claro, al dependiente no le queda otra que aceptar estas condiciones porque, de lo contrario, se puede producir lo que más teme: el rechazo e incluso la ruptura. Por lo tanto, no esperemos encontrarnos relaciones de “fusión” entre el dependiente y el otro porque esto sólo sucede algunas veces, ya que es precisamente la otra persona la que en muchos casos pone límites a la voracidad afectiva; además, lo normal es que dichos límites sean incluso abusivos porque el otro considera que tiene privilegios en la relación, ya que el dependiente le pone un cheque en blanco con sus nada disimulados deseos de contacto continuo y con su nada disimulada fascinación hacia él.

Tendencia a la exclusividad en las relaciones

Como en todas las características que estoy exponiendo, en esta en concreto sucede que no es más que una exageración de la normalidad. Es decir, en toda relación hay un deseo de exclusividad en el sentido de que no queremos compartir a nuestra pareja con una tercera persona. Pero no es sólo esto lo que sucede en la dependencia emocional. Aquí, además, el dependiente quiere literalmente a su pareja para él solo: todo lo demás molesta, desde amigos hasta compañeros de trabajo, pasando por los hijos.

De igual forma que sucede con la voracidad afectiva, la exclusividad es un aspecto que no se da en todos los dependientes emocionales con la misma fuerza; incluso en algunos no se produce más allá de lo normal.

Idealización del compañero

El otro se convierte con el tiempo en alguien sobrevalorado, eso si no lo ha sido desde el principio por tener un perfil determinado de endiosamiento o de lejanía hacia los demás. Será muy difícil que un dependiente emocional se enamore de alguien al que no admire o vea bastante por encima suyo, no desde un punto de vista racional u objetivo (por ejemplo, que sea mejor profesional o más inteligente), sino en general, como una sensación que él experimenta de estar con alguien más importante o más elevado y que transmite deseos de estar junto a él.

No obstante, no sólo se producirá una sobrevaloración general de la pareja sino que también se podrán distorsionar sus méritos y capacidades. Por ejemplo, si es artista o empresario, será de los mejores en su trabajo; si es más o menos atractivo, será el más guapo; si es prepotente en su forma de hablar, será muy inteligente; etc.

Al final, uno de los elementos que más influyen en esta idealización es cómo trata la persona al dependiente emocional. Cuántas veces he escuchado en mi consulta la afirmación de que los flirteos o pretensiones amorosas de alguien se consideran signo de debilidad o de comportamiento “baboso” (provenga de quien provenga, incluso de personas que pueden despuntar por su trabajo o por otras facetas), mientras que el desprecio, el escaso interés o la prepotencia se interpretan como signos de poder, fuerza o elevación. Realmente, no son aspectos concretos de otro individuo los que lo convierten en idealizable, sino su perfil general y, especialmente, el trato de dicho individuo hacia el dependiente emocional.

Sumisión hacia la pareja

La consecuencia lógica de ser muy voraz afectivamente, de priorizar a la relación sobre cualquier otra cosa o de idealizar a la pareja, es que el trato hacia ella va a ser de subordinación, es decir, “de abajo a arriba”, como si alguien muy bajito se dirigiera a un gigante al cual necesita. Da la sensación en ocasiones de que los dependientes se comportan con sus parejas como sacerdotes que realizan ofrendas a algún dios al que le permiten absolutamente todo, al que le justifican todos sus actos y al que, a pesar de los pesares, le intentan satisfacer con lo que pida.

Antes he puesto el ejemplo de esa persona que le hacía la cena a su marido y a su amante en su propia casa, pero podría poner otras situaciones de sumisión como las de aceptar todo tipo de descalificaciones por parte del otro, permitir infidelidades, hacer siempre lo que quiere la pareja, soportar las descargas de sus frustraciones –que pueden llegar incluso al plano físico- o también ser y actuar como pretende o desea el compañero.

Pánico ante el abandono o el rechazo de la pareja

El dependiente emocional idealiza tanto a su compañero y se somete tanto a él, considerando la relación de pareja como lo más importante de su vida, que le tiene verdadero terror a una ruptura. Hay personas que, literalmente, se encuentran incapaces de romper una relación, y no por quedarse descolgadas en el plano económico o de cualquier otra forma, sino porque afectivamente lo encuentran devastador. En estos casos no vale la frase de “más vale solo que mal acompañado”; es más, una de las manifestaciones más usuales tras una ruptura es “con él estaba fatal, pero es que ahora estoy mucho peor”.

Como veremos en la siguiente característica, en muchas ocasiones es el terrorífico síndrome de abstinencia el que acongoja de tal manera al dependiente que le hace pensar y sentir con absoluta realidad que es totalmente imposible romper la relación, y que si no lo hace el otro no habrá forma humana de que se produzca esa situación.

Pero lo más normal es que las rupturas no solo se consideren inalcanzables, sino que además no se deseen en absoluto. El dependiente emocional, en casos graves, puede aguantar prácticamente todo con tal de que no se rompa la relación porque prefiere estar fatal dentro de ella que sin sentido de la vida o de la existencia fuera. Esto produce un gran terror a los rechazos en el seno de la pareja, a los comportamientos de escasa aprobación o a los signos que se den por parte del otro que indiquen una falta de interés o una falta de cariño.

Trastornos mentales tras la ruptura: el “síndrome de abstinencia”

Ya he expuesto que los dependientes tienen un miedo cerval a lo que acontece tras una ruptura, que es el “síndrome de abstinencia”, llamado así por analogía a las adicciones a las drogas. Este bien llamado síndrome supone realmente el padecimiento de un trastorno mental que variará según la persona y según la intensidad, pero que de manera habitual es un trastorno depresivo mayor con ideas obsesivas, o, dicho en otras palabras, una depresión muy fuerte con pensamientos repetidos y angustiosos en torno a un tema que, en este caso y como no podía ser de otra forma, es la relación perdida y todo lo que ello conlleva: recuerdos, planes para reanudar la pareja, remordimientos por supuestos errores cometidos, etc.

El golpe psicológico es tan brutal que no sólo hay una inmensa tristeza, sino que además habitualmente se sufren síntomas de ansiedad intensos que impiden la concentración y que se traducen en molestias físicas o sensaciones muy desagradables, y también en pensamientos sobre el poco sentido que tiene la vida que pueden derivar en ideas suicidas. En este sentido, recuerdo perfectamente a una persona que nada más entrar por primera vez en mi consulta me dijo que ya tenía fecha para morirse. Esto llama la atención porque se suelen asociar las ideas suicidas con otros problemas, pero en la dependencia emocional y muy especialmente dentro del síndrome de abstinencia se dan, aunque hay que decir que lo más usual es que sólo se dé, que no es poco, una pérdida muy sustancial de apego por la vida.

En el síndrome de abstinencia lo que domina es el deseo de retomar la relación, las ideas continuas de, con cualquier excusa, contactar con la otra persona para no tener la sensación de pérdida o de desaparición definitiva. A veces, estas excusas se las da el individuo a sí mismo en forma de autoengaño, por el que uno se autoconvence de que no pasa nada por llamar a la ex pareja ya que se puede tener una simple amistad, o de que sólo se está contactando con el otro para “cantarle las cuarenta”.

Todo el padecimiento descomunal de este síndrome desaparece de un plumazo con una simple llamada de la otra persona. Donde había lágrimas, ansiedad y auténtica desesperación, se pasa a la tranquilidad y a la sonrisa.

Búsqueda de parejas con un perfil determinado

El tipo de persona que suele preferir el dependiente emocional, al que llamaré “objeto” , es normalmente alguien engreído, distante afectivamente, egocéntrico, y a veces hostil, posesivo o conflictivo. También hay un perfil habitual y es de la persona con problemas, con un fondo importante de vulnerabilidad o fragilidad emocional con el que el dependiente se identifica, produciéndose igualmente una relación desequilibrada con ella por la que se intenta cuidar y controlar a dicha persona, mientras que ella, en muchas ocasiones, se aprovecha de ese comportamiento sumiso y atiende sólo a intereses egoístas o también afectivamente enfermizos.

Amplio historial de relaciones de pareja, normalmente ininterrumpidas

Puedo decir, en tono jocoso, que las primeras visitas con un dependiente emocional son un listado inagotable de relaciones de pareja que se producen desde la adolescencia. Estas personas viven su vida alrededor del amor y no la conciben sin él: necesitan, o eso creen ellas, a alguien permanentemente a su lado. Por este motivo, nada más terminan una relación, y aunque sea en pleno síndrome de abstinencia, buscan otra persona para reemplazar a la anterior, incluso al mismo tiempo que se intenta reanudar dicha relación rota.

Normalmente, el tiempo que transcurre entre una relación de pareja y otra es muy escaso, y cuando es largo puede deberse a que todavía se arrastre la que se ha roto (por ejemplo, siendo amante de la ex pareja y estando siempre pendiente de cualquier contacto por su parte) o a que se mantenga una actitud de constante flirteo por la que el dependiente no se siente realmente solo, ya que tanto por internet como por el teléfono móvil hay correos electrónicos, mensajes de texto y demás que producen sensación de inmediatez y de proximidad; esto sin contar las citas puntuales que se den con estas personas con las que existe dicho flirteo.

Baja autoestima

Por obra general, los dependientes emocionales son personas que no se quieren a sí mismas. ¿Qué significa quererse a sí mismo? Porque esto realmente es algo muy abstracto, por más que tenga manifestaciones concretas y de lo más palpables. Quererse a uno mismo no significa necesariamente que tenga que considerarse con virtudes o cualidades; por ejemplo, considerarse guapo, buen profesional, inteligente, etc. Existen dependientes emocionales y otras personas que saben racionalmente que presentan algunas de estas cualidades, y sin embargo no se quieren de una forma adecuada. Lo que acabamos de describir es el autoconcepto, es decir, la idea racional que todos tenemos sobre nosotros mismos. Digamos que sería un listado de cualidades, carencias, virtudes y defectos que todos tenemos sobre nosotros.

No obstante, la autoestima es algo diferente al autoconcepto, aunque en muchas ocasiones van por caminos similares. De igual forma que podemos considerar a alguien guapo o inteligente pero al mismo tiempo detestarle; podemos pensar sobre otra persona que no es muy atractiva pero que estamos con ella a muerte. Los sentimientos no tienen por qué ir necesariamente por el mismo camino que nuestra idea racional.

Querernos a nosotros mismos es exactamente lo mismo que querer a uno de nuestros seres queridos, pero siendo uno mismo el destinatario de esos sentimientos. Podemos protegernos cuando nos atacan, consolarnos si estamos sufriendo, ayudarnos cuando tenemos problemas haciendo lo posible por resolverlos, valorarnos cuando hacemos las cosas bien, alegrarnos si nos ocurren cosas positivas, y sobre todo no poner condiciones para querernos. Demos ahora la vuelta a la situación y pongámonos en cómo se trata una persona sin autoestima, sea como sea su autoconcepto: no se protege cuando recibe ataques e incluso se los inflige ella misma, no se consuela si está sufriendo sino que aprovecha su vulnerabilidad para atacarse más duramente, se hunde ante las adversidades sin intentar resolver sus problemas, no se valora cuando hace las cosas bien sino que se busca el error o el defecto, y se pone condiciones para quererse como despuntar en el físico, tener muchos estudios, posición social, etc., ya que cualquier pretexto es bueno con tal de escatimarse el cariño.

Miedo a la soledad

Verdaderamente, no es de extrañar que si alguien tiene esos sentimientos hacia sí mismo no soporte estar solo, porque es como estar continuamente junto a alguien al que detestamos. Por ejemplo, los dependientes no aguantan mucho tiempo estar solos en casa o con la perspectiva de no salir en todo el domingo: enseguida se buscan planes o llaman por teléfono a alguien con cualquier excusa. La soledad les provoca incomodidad, malestar e incluso ansiedad, y la idea más o menos intensa de que no son importantes para nadie, de que nadie les quiere y están abandonados.

Aparte del temor a esta soledad en un sentido extenso, también temen a la soledad entendida como “estar sin pareja”. No cabe duda de que aquí es un temor cercano al terror: les da auténtico pavor no tener a alguien ahí sea como pareja o como sucedáneo (una aventura, un flirteo continuado…) La consecuencia, como ya he dicho, es el encadenamiento sucesivo de relaciones para evitar esas sensaciones tan desagradables.

Necesidad de agradar: búsqueda de la validación externa

Este rasgo no aparece en todos los dependientes, pero sí es bastante común. Cuando aparece, el individuo intenta satisfacer a la mayoría de las personas con las que trata, de manera que se les quede a dichas personas una idea inmaculada del dependiente. Necesita tanto de la aprobación externa que lo pasa francamente mal cuando no la tiene o cuando interpreta que ha sido rechazado; en estas situaciones, es habitual que haga “comprobaciones” de la relación como llamar por teléfono para ver si todo sigue igual con esa persona o para detectar anormalidades en el tono de voz, por ejemplo.

Los dependientes que se comportan así suelen ser modélicos para los demás. No crean conflictos con sus familiares más próximos, no ponen problemas para planificar las citas con los amigos, se prestan a cualquier cambio de turno imprevisto que haya en el trabajo, no se adhieren a ningún grupo sino que intentan llevarse bien con todas las personas, etc. Son descritos por los otros como buenas personas que intentan favorecer siempre y que se desviven por ayudar.

Los dependientes que necesitan agradar presentan una tendencia muy marcada a la validación externa. Esto significa que su valor no se lo dan a sí mismos, sino que lo cogen prestado del que reciben de los demás. Por ejemplo, un dependiente puede haber quedado inicialmente satisfecho de un informe que ha hecho en el trabajo, pero si no le ha gustado al jefe dudará de su desempeño. Una persona con tendencia a la validación interna criticaría la postura de su jefe y continuaría manteniendo su criterio. En los dependientes con buen autoconcepto y en situaciones similares, podrían disponer de esta tendencia a la validación interna, pero en situaciones distintas de tipo afectivo que impliquen aceptación o rechazo nos aparecerá de nuevo la tendencia contraria, es decir, la que proporciona el valor por parte de los otros: por ejemplo, si un compañero de trabajo no invita a una celebración de cumpleaños a un dependiente, este se considerará poco querible, poco válido por sentirse rechazado. Otra persona con una tendencia a la validación interna se mostraría dolida o disgustada, pero respetaría la decisión o la criticaría sin por ello alterar su idea sobre sí mismo porque su valía como individuo no depende de la valoración o del rechazo ajenos.


Fuente: 

J. Castelló Blasco, Cómo superar la dependencia emocional. Málaga: Editorial Corona Borealis, 2012.

¿Tienes una relación codependiente?


¿Se encuentra haciendo un montón de sacrificios para que su pareja sea feliz, pero no obtiene mucho a cambio? Si la descripción suena como algo que usted está viviendo, no necesita sentirse atrapado. Hay muchas formas de cambiar una relación codependiente y continuar con su vida en equilibrio.

¿Qué es una relación codependiente?

El primer paso para hacer las cosas de nuevo es entender el significado de una relación codependiente. Los expertos dicen que es un patrón de comportamiento en el que una persona se encuentra en una situación donde depende de la aprobación de otra persona para su autoestima e identidad.
Una señal clave es cuando el propósito para su vida gira en torno a hacer sacrificios extremos para satisfacer las necesidades de la pareja.
"Las relaciones codependientes implican un grado de dependencia insalubre, donde una persona no tiene autosuficiencia o autonomía", dice el psicólogo Scott Wetzler, PhD, Director del Departamento de Psicología en el Albert Einstein College of Medicine. "Una o ambas partes dependen de sus seres queridos para su realización personal".
Cualquier persona puede llegar a ser codependiente. Algunas investigaciones sugieren que las personas que han tenido padres emocionalmente abusivos o descuidados son individuos más propensos a vivir relaciones codependientes siendo adultos.
"A dichos niños a menudo se les enseña a subvertir sus propias necesidades para complacer a un padre difícil, y eso los prepara para un patrón de larga duración donde tratan de conseguir el amor y el cuidado de una persona difícil", dice Shawn Burn, PhD, profesor de psicología en la Universidad Politécnica del Estado de California en San Luis.
"Están a menudo repitiendo un patrón de la infancia llena de brechas en su desarrollo", dice Wetzler.

¿Cómo sabes que estás en una relación codependiente?

Tenga cuidado con estas señales porque pueden ser un indicador de que está en una relación codependiente:
  • ¿No encuentra satisfacción en su vida independiente de una persona en concreto?
  • ¿Reconoce conductas no saludables en su pareja, pero se queda con él o ella a pesar de todo?
  • ¿Se encuentra dando apoyo a su pareja a costa de su propia salud mental, emocional y física?
"Los individuos también pueden asumir que están en una relación codependiente si la gente alrededor de ellos les han dado retroalimentación de que son demasiado dependientes de su pareja o si tienen un deseo, a veces, por más independencia, pero sienten un conflicto aún más fuerte cuando se tratan de separar de alguna manera ", dice el psicólogo Seth Meyers.
"Ellos sienten ansiedad de manera más consistente que cualquier otra emoción en la relación", dice Meyers, "y gastan una gran cantidad de tiempo y energía, ya sea tratando de cambiar a su pareja o tratando de ajustarse a los deseos de su pareja".

Impacto de una relación codependiente

Renunciar a sus propias necesidades y su identidad para satisfacer las necesidades de una pareja tiene consecuencias poco saludables a corto y largo plazo.

"Puede llegar a sufrir el síndrome de burnout (quemado), a sentirse agotado(a), y comenzar a descuidar otras relaciones importantes", dice Burn. "Si usted es el facilitador en una relación codependiente -lo que significa que promueve las disfunciones de la otra persona- puede estar evitando aprender lecciones de vida comunes y necesarias".

Cómo cambiar una relación codependiente

Romper no es necesariamente la mejor o la única solución. Para reparar una relación codependiente, es importante establecer límites y encontrar la felicidad como individuo, dice el psicólogo Misty Hook, PhD.
Ella recomienda que las parejas hablen y establezcan metas en una relación que les satisfaga a ambos.
"También es importante pasar tiempo con sus familiares, amigos, y ampliar el círculo de apoyo", dice la especialista. Es preciso "encontrar pasatiempos por su cuenta. Tratar de estar separados por determinados periodos de tiempo para crear una relación sana el uno del otro".
Pero es necesario tener en cuenta que sus acciones pueden empeorar sin querer una relación codependiente, dice Wetzler.
"A veces las personas se engañan a sí mismos pensando que están ayudando a una pareja codependiente al continuar atendiendo su ansiedad", dice "pero es necesario preguntarse si está realmente ayudando o simplemente fomentan algo negativo".

Autor: Feifei Sun 
Traducción y adaptación: Miguel Ángel Núñez

Fuente: WebMD

Los conflictos en la pareja

Los conflictos en la pareja generan problemas de salud en los miembros de la pareja y los hijos. se analiza la situación de la pareja como institución en la sociedad actual, como se estructura interna y externamente la pareja, se repasan también las áreas de conflicto más comunes, qué y como se desencadenan, la forma que toman y como se resuelven. También se mencionan los avances que se han dado en la terapia cognitivo conductual de pareja en los últimos tiempos.

Importancia del conflicto en la pareja

Las estadísticas dicen que los casados viven más y con mayor calidad de vida,... si no hay conflictos. Pero los conflictos: enferman mental (depresión, trastorno bipolar, bebida, violencia,..) y físicamente (corazón, cáncer, enfermedades inmunológicas, dolor crónico...). Hasta aumentan la probabilidad de accidentes de tráfico, incluidos los mortales.

Los conflictos en la pareja generan también problemas en los hijos (problemas de conducta, depresión y problemas para alcanzar la intimidad en el futuro).

Situación social de las relaciones de pareja

Los medios de comunicación nos transmiten un mensaje que parece indicar que la forma de vivir mejor no es la pareja y de hecho así se va plasmando en la sociedad. Mientras que en los años 70 el 70% de los hogares americanos los ocupaba un matrimonio actualmente solamente son el 50%. Pero muchas otras cifras no son tan ciertas. Nos dicen, por ejemplo, que se divorcian más personas que se casan, lo que es falso, en nuestro país al menos. En el año 2000 se separaron un 30% del número de parejas que se casaron.

Se dan parejas de hecho y formas de relación muy largas, siendo “novios” y viviendo cada uno en su casa, compartiendo solamente el tiempo libre, son formas que permiten relaciones con un menor compromiso.

Podríamos estar tentados de atribuir estos procesos exclusivamente a la falta de preparación psicológica para afrontar los problemas y conflictos que son inherentes a vivir en pareja en el momento actual. Pero seguramente fenómenos sociales tienen explicaciones y orígenes sociales.

La sociedad marca la pareja que quiere o que necesita. No tenemos más que considerar la influencia de factores positivos como los avances de la mujer hacia la igualdad social con el hombre y su integración en el proceso productivo; y otros no tan positivos como la ideología hedonista, establecida para mantener un gran nivel de consumo, o la falta de apoyo social al desarrollo de la familia, que pone grandes dificultades laborales para el cuidado de los hijos, y que llevan a considerar tener descendencia como una carga insoportable, junto con otros elementos como las condiciones precarias de trabajo, que por una parte disuaden de establecer compromisos a largo plazo, como tener hijos o comprar un piso, y por otra establecen jornadas interminables que contribuyen de forma determinante a incrementar las barreras de comunicación en la pareja. Son todos factores sociales que configuran la forma de la pareja que se puede dar en nuestra sociedad.

Estructura de la pareja

Actualmente la base sobre la que se forman casi todas las parejas es el enamoramiento. El enamoramiento es una emoción y tiene un fuerte componente de pasión, afecto, ternura, sexo. Por eso uno de los principales objetivos de la pareja hoy es hacerse la vida agradable. Pero una emoción es pasajera, porque está sometida a la ley de la habituación. Todos sabemos que el enamoramiento se pasa y muchas parejas, basadas solamente en esa emoción se disuelven, "se pierde la ilusión"; "no se siente lo mismo". Sin embargo, el amor apasionado de los comienzos es una vía inmejorable para conseguir mantener la pareja.

Para ello es preciso desarrollar la intimidad y la validación. Intimidad supone abrirse y contar cosas que, en otras circunstancias, podrían usarse en contra nuestra y recibir aceptación por parte del otro. Cuando estamos enamorados nos ponemos completamente en manos de nuestra pareja y de esta forma construimos la intimidad.

También decidimos compartir más cosas con el otro y vamos comprometiéndonos ante la sociedad, se guarda fidelidad, se comparte el tiempo, se entrega el cuerpo, se comparten bienes materiales como un piso, etc. finalmente se adquiere un compromiso de vida en común, que puede estar o no refrendado socialmente. Se construye así el compromiso que es la decisión de permanecer en la relación pese a los problemas que vayan surgiendo, luchando con todas las fuerzas posibles para resolverlos.

Según se van compartiendo más elementos se tiene va construyendo un método para tomar decisiones y se establece una estructura de poder, que puede ser más o menos democrática, pero siempre aceptada por los dos. La toma de decisiones es una de las fuentes de conflicto importantes en la pareja.

Para tener intimidad, para tomar decisiones, y para convivir es preciso saber comunicarse, escucharse y respetarse. Para resolver los problemas también. La capacidad de comunicarse y de resolver los conflictos es fundamental para la continuidad de la pareja.

Otro aspecto muy importante es el apoyo mutuo. Se plasma en la fórmula de estar juntos en la salud y la enfermedad, en las alegrías y en las tristezas. El otro es el principal sostén ante las dificultades y amenazas de la vida y el apoyo en el desarrollo personal y social.

Nuestro aprendizaje de cómo es en la pareja ese apoyo mutuo se da dentro de la familia en la que nacimos. Una de las primeras conductas que desarrollamos en ella es la de apego. Definida como la búsqueda de protección ante amenazas externas y, en el niño, se concreta de forma principal en buscar la protección de la madre.

Áreas de conflicto

Las áreas de conflicto afectan a todos los componentes que se han listado de la estructura de la pareja.

El poder. Teniendo en cuenta las responsabilidades: quien se encarga de hacer las cosas y quien decide lo que hay que hacer. Estas decisiones abarcan aspectos tan fundamentales como: Las finanzas, el cuidado de los hijos, las relaciones sociales, etc.

La intimidad. La intimidad se construye con una separación de la familia de origen, dando prioridad al otro en la autorrevelación y en la toma de decisiones. Por eso uno de los temas más conflictivos se da en las relaciones con la familia de origen,

La pasión, el afecto, la sexualidad. El amor va sustituyendo al enamoramiento, la pasión inicial va dando paso a la intimidad y al cariño, pero no por eso se puede perder la atracción que se siente por el otro como objeto y sujeto sexual.

Comunicación. Cuando se producen los conflictos y se enquistan se producen patrones de comunicación que perpetúan el problema y conducen finalmente a la separación.

Desencadenantes de los conflictos

En circunstancias normales las parejas, aunque no sean felices, se amoldan y no surgen los conflictos, estos aparecen cuando se dan circunstancias importantes de cambio, es decir, situaciones estresantes como:

Cambios laborales tanto negativos como positivos: paro, ascensos;
  • La jubilación.
  • Enfermedades;
  • Problemas económicos,
  • La paternidad/ maternidad,
Cuando los hijos se van de casa o simplemente se hacen mayores y dejan más tiempo libre a la pareja.

Todos, positivos y negativos, son fuentes de estrés que exigen a la pareja poner en marcha sus habilidades de comunicación y de resolución de conflictos, además de la motivación para mantenerse juntos y la capacidad de reconocer las debilidades delante del otro y que el otro las reciba sin castigarlas.

Forma de los conflictos (Conductas)

En los conflictos se establecen formas de conductas que se hacen crónicas y agravan los problemas, algunos de ellos son:

Reciprocidad negativa. El más problemático es cuando a una comunicación negativa se responde generalmente con otra comunicación negativa por parte del otro estableciéndose una reciprocidad en la negatividad que puede acabar en una escalada de violencia. Es la justicia del ojo por ojo.

Se discute acerca de la propia relación. Uno de los métodos que se utilizan para resolver los problemas de comunicación es el empleo de la metacomunicación, es decir, reflexionar sobre la forma en que se está dando la comunicación. Por ejemplo, se dice “no me estás escuchando” para intentar que haya una escucha, pero el mensaje no verbal agresivo va acompañado, en general, por un componente no verbal agresivo, y el que responde lo hace al componente agresivo, lo que lleva a más discusiones, metiéndose en un círculo vicioso. En los matrimonios sin problemas contestan a la metacomunicación y no al componente emocional
La mujer ataca y el hombre evita o calla. Este patrón se da cuando la mujer da respuestas hostiles mientras que el hombre se retira o no contesta, ante lo que la mujer incrementa su hostilidad porque no se solucionan los problemas. En esta escalada el hombre, quizás constitucionalmente tiene una reacción fisiológica más negativa y la aguanta menos.
Los cuatro jinetes del Apocalipsis. La crítica, que lleva al Desprecio que ocasiona una Actitud Defensiva Constante son tres de los cuatro jinetes del Apocalipsis de la pareja. El cuarto es la habilidad para no escuchar al otro, o se le deja hablar sin hacerle caso o se habla tanto que no se le deja meter baza.

Todos estos patrones de conductas pretenden la mayoría de las veces resolver el conflicto, pero no solamente no lo resuelven, sino que lo perpetúan y la propia interacción se convierte en el problema que lleva a la separación. No siempre los conflictos llevan a la ruptura. Se ha reportado un tipo de conflictos en los que el marido se enfada e inicia la discusión con ánimo de resolver el problema. Cuando se tiene éxito, la relación puede salir fortalecida, en estos casos el conflicto vivido por los hijos no es negativo para ellos, incluso puede ser una ocasión para aprender a ser asertivos

Forma de los conflictos (Pensamientos)

Atención selectiva. Las parejas en conflicto solamente se fijan en las conductas negativas del otro y tienden a no ver o a disminuir la importancia de las conductas positivas.
Atribuciones. La atribución del problema a determinadas causas se ve como un elemento necesario para su solución, pero si no se hacen las atribuciones correctas se asegura el conflicto. Por ejemplo cuando se echa buscan culpables o se achacan los problemas a malas intenciones que nunca se pueden probar o a elementos que no se pueden cambiar como la propia personalidad.

Expectativas: Si aparece una discrepancia entre lo que creen los esposos que debería ser el matrimonio y lo que perciben que es, tanto en cualidad como en cantidad, los problemas están asegurados. Se plasma en frases como “Esto no tiene solución”. “Debería ser así”

Ideas irracionales: Algunas ideas aparentemente normales pueden se un foco de conflictos solamente por no ser conscientes de que lo que se piensa no es racional. Algunas de estas ideas son: Estar en desacuerdo es destructivo de la relación, los miembros de la pareja deben ser capaces de averiguar los deseos, pensamientos y emociones del otro, uno debe ser un compañero sexual perfecto del otro, los conflictos se deben a diferencias innatas asociadas al sexo.

Solución de los conflictos

La propuesta de la terapia de pareja cognitivo conductual para resolver los conflictos pasa por:
  • Aumentar el intercambio de conductas positivas.
  • Entrenamiento en habilidades de comunicación y resolución de problemas.
  • Cambiar el patrón de reciprocidad negativa introduciendo conductas positivas frente a la negatividad.
  • Cambios en las Atribuciones, expectativas e ideas irracionales cuando es necesario.
Estos componentes constituyen la terapia de pareja cognitivo conductual clásica, que está clasificada como una terapia con evidencia probada de eficacia. Los datos indican que la gran mayoría de las parejas que acuden a terapia, alrededor del 75% informan de una mejora en la satisfacción matrimonial. Cuando se contrasta con grupos de control de lista de espera los resultados son siempre positivos, quizás debido a que si no existe intervención los problemas se van incrementando. Sin embargo, cuando se tiene en cuenta si la mejora afecta no solamente a la disminución del conflicto, sino a la mejora de la evaluación de la relación por parte de los dos miembros, los resultados no son tan espectaculares; revisando la literatura sobre la eficacia, llega a la conclusión de que, siendo estrictos, menos del 50% de las parejas que acuden a terapia cambian de un estado de estrés a un estado de armonía. Otro aspecto oscuro es la cantidad de recaídas que se contabilizan, entre el 30% y 50% de los que mejoran.

Avances en la terapia de pareja cognitivo conductual

Aumento de la intimidad. Para lo que se potencia. La aceptación, por medio de la cual el miembro de la pareja que quiere que se realice un cambio acepte desde un nuevo punto de vista que el otro no lo realice y, sin embargo, aquello que era inaceptable e intolerable se convierta en algo no deseable, pero entendible y tolerable.

La compresión de las motivaciones inconscientes del otro. Incremento de la pasión: sexo y afecto. Para lo que se emplea la terapia sexual dirigida no tanto a resolver problemas como a incrementar la satisfacción dentro de la normalidad.

El apego como motivo en la pareja. El compromiso de ayudarse en todo instante es uno de los más importantes motivos que existen para mantener la pareja. En ello están implicadas emociones muy básicas que se insertan en la debilidad más íntima del ser humano, hacerlo explícito y potenciarlo es una forma de motivar la permanencia de la pareja y la resolución de conflictos.

¿Es el divorcio una solución a los conflictos?

Si se consigue una separación amistosa que acaba con los conflictos las consecuencias negativas de estos disminuyen, aunque no desaparecen del todo. Sin embargo, muchas veces el divorcio no es más que un paso en una escalada de odio que lleva a un miembro de la pareja a seguir centrando su vida en machacar al otro. En esos casos, indudablemente no es la solución.

En todo caso si se llega a ese extremo es muy importante llegar a una separación amistosa por medio de expertos en mediación.

Se ha comprobado que no se aprende, los que se divorcian y se casan de nuevo se vuelven a divorciar con más probabilidad que los que se casan por primera vez.